Detectives Madrid

La violencia de género entre menores aumenta

En Detectives Madrid hablamos en profundidad sobre un tema delicado y es que la violencia de género entre menores aumenta. Cada vez son más los casos de adolescentes donde sale a la luz una situación de este tipo. Más chicas más jóvenes acuden a los juzgados para revelar numerosas situaciones, normalmente relacionadas con el control, la manipulación y las agresiones físicas.

La violencia de género entre menores aumenta

Lo primero que debemos saber con certeza es qué es la violencia de genero. En el año pasado, jueces de menores declararon culpables de violencia de género a más de 260 personas. Estos no habían llegado a la mayoría de edad y ya convertían la vida de sus parejas en una tortura. Este año eso no se ha solucionado, y el número de casos ha crecido.

En el año 2018 se han triplicado las denuncias de violencia de género a menores. Más de 400 menores, entre las edades de 14 y 17 años, han sido denunciados por violencia machista. Estos datos revelan que hay casi un tripe de casos más desde el año 2008.

El gran incremento de denuncias de malos tratos, donde el agresor es menor de edad, es realmente preocupante.

Los menores que se demuestra que si han realizado conductas de violencia de género, no pueden ser sometidos a penas de privación de libertad. La gran mayoría de ellos se les condena con trabajo que sean reeducativos y/o de ayuda a la comunidad. Cerca del 90% de estos jóvenes eran de origen español, mientras el 10% eran extranjeros.

Se normalizan actitudes de violencia de género

El aumento de denuncias de menores sobre violencia de género, viene dado de niñas jóvenes, que rondan entre 13 y 15 años. Aunque estos datos nos confirman que las nuevas generaciones persisten en mantener actitudes machistas, lo positivo es que cada vez más jóvenes se atreven a denunciar a los maltratadores.

Los datos recogidos en encuestas durante estos últimos años revelan datos horribles:

La gran mayoría de los encuestados permite o conoce a alguien que permite que su pareja le controle el móvil. O  que controle sus relaciones sociales, impidiendo que conozca o hable con otras personas. También que controla los lugares a los que puede ir, la ropa que debe de vestir.

Incluso saben de situaciones donde se normalizan los insultos y las faltas de respeto. Asú como parejas que difunden o amenazan con difundir contenido intimo en redes sociales sin su consentimiento. O que obligan a su pareja hacer cosas que no desea, etcétera.

La ignorancia sobre la violencia de género

El principal problema es que muchos adolescentes no sabes en qué consiste la violencia machista. Se ciernen a las agresiones físicas: “Si no te pone la mano encima, no pasa nada”.

La ignorancia sobre la violencia de género es el factor que más favorece a naturalizar actitudes machistas hacia la pareja.

Declaraciones de agentes encargados de dar charlas en los institutos para la prevención de la violencia de género coinciden que al poner ejemplos sobre situaciones que no deben realizarse muchos alumnos se miran sorprendidos entre ellos e incluso algunos se ríen. Lo que se entiende que se toman situaciones preocupantes como una broma.

Es frecuente que tras el período donde se imparten las charlas preventivas comiencen a realizarse llamadas de profesores o los propios padres. Porque chicas les piden ayuda tras haberse podido reconocer como victimas dentro de una relación destructiva.

Centrándonos en las víctimas menores de violencia de género, no existe un perfil fijo reconocible. Esta situación se da en muy amplio margen de edad. Y en todos los niveles socioeconómicos. Se dan casos en familias desestructuradas y muy complicadas, como también se dan en casos de familias muy unidas y bien estructuras.

En muchas ocasiones las menores, al pedir ayuda, no son conscientes de que se las está atereciendo por ser víctimas de violencia de género. Piensan que necesitan una consulta psicológica.

Las nuevas tecnologías como herramientas del maltratador

El teléfono móvil, internet y la popularidad de las redes sociales se han trasformado en los principales elementos de control para los maltratadores. Gracias al social media y la nueva cultura de la conexión constante son muchos los jóvenes que exigen conocer en todo momento dónde, qué hace o con quién habla su pareja.

El móvil es una de las herramientas que más violencia psicológica genera. Y es una de las razones por las que la violencia de género entre menores aumenta.

El teléfono móvil le permite al maltratado pedir fotos para saber dónde está su pareja o con quien. Aparte de esto, no es rara la vez donde se solicitan los propios dispositivos para revisar todas las conversaciones. Esta última actitud suele ir siempre de la mano de la eliminación o el bloqueo de ciertos contactos, incluso cambios y eliminación de fotos de la pareja.

Las nuevas tecnologías funcionan como una vallas. Poco a poco se va cerrando y restringiendo las amistades y relaciones familiares. Lo más preocupante de esto es que en muchas ocasiones los menores no se dan cuenta de hasta qué punto está siendo aislados.

Y aunque nos sorprenda, cada vez son mas los menores que vigilan los teléfonos de sus parejas de forma ilegal. Esto sin que nadie se de cuenta. Hay muchas apps y programas que ofrecen espiar un dispositivo. Lo único necesario es poder acceder a este y, como cada vez se normaliza mas exigir a tu pareja el móvil, son muchos los adolescentes que toman esta medida.

Si tienes la sospecha de que esto puede estar ocurriendo, ponte en contacto con peritos informáticos forenses para realizar un análisis al teléfono y salir de dudas.

La educación es la mejor solución contra la violencia de género

Debemos resaltar la importancia de la educación. En el conocimiento está la clave para erradicar todas aquellas conductas perjudiciales que se pasan por alto o las que no se saben diferenciar.

Es de vital importancia que desde que los niños comienzan a aprender se les eduque en el respeto y la igualdad. Que tengan relaciones afectivas sanas, sepan prevenir conflictos, conozcan sus derechos. Esto es esencial para que los adultos del mañana no sufran los mismos problemas que hemos padecido nosotros.

Un dato alarmante nos revela que menos del 3% de las familias de las menores se responsabilizan de interponer las denuncias. Este porcentaje se ha mantenido durante un largo tiempo. Las peticiones de auxilio en los juzgados son cada vez más frecuentes. La falta de implicación de los seres queridos cercanos a la victima nos hace ver que la violencia de género se sigue tratando como algo en la intimidad de la pareja. Si conocemos o sospechamos que alguna persona está en esta situación no debemos dudar a la hora de poner una denuncia.

Qué pasa después de la agresión

Si llegamos al punto donde ya se ha producido la agresión, sea física o psicológica, el maltratador hará creer a la victima menor que es culpable y responsable de la situación.

Las jóvenes son manipulables. Al hacerlas creer que son culpables, tienden hacerse pequeñas, y toman comportamientos retraídos. Los maltratadores usan esta situación para llegar a la reconciliación, la fase conocida como la “luna de miel”. Él se vuelve compasivo, cariñoso. El enamoramiento de la víctima al creer que su pareja le perdona y hay una nueva oportunidad hace que venga el fuerte enamoramiento. De ahí surge la situación de dependencia emocional.

Algo que las menores que están en esta situación pasan por alto es, que el maltratador, hace que su círculo de amistades se reduzca hasta el punto de quedarse solos. En los casos en los que la dependencia emocional es muy fuerte, tan solo quedaran la menor y el maltratador, excluyendo incluso los lazos familiares.

Es fundamental que los menores que han sido víctimas de violencia de género sean tratados por profesionales. Los tratamientos varían mucho dependiendo de la edad del menor, del entorno, el tipo de violencia sufrida y su grado. También de la fuerza psicológica de la víctima. Hay casos en los que la terapia solo tiene que durar unos meses y otros que en años no se ha solucionado.

Hay que tener en cuenta que el tratamiento de recuperación no solo debe de estar enfocado en la víctima. Sino también en los familiares. Estos deben de conocer cómo actuar, en casos, por ejemplo, donde su hija pase las noches llorando o ataques de ansiedad.

La violencia de género entre menores aumenta y debemos luchar contra ello. Si necesita demostrar este tipo de problemas, no dude en ponerse en contacto con nuestro equipo.

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